Homenaje a Alejandra Pizarnik

Una selección poética

Para Alejandra, que siempre viene a mi rescate.


Elegía por Alejandra, de Rita Geada


(A Alejandra Pizarnik, en memoria)

Empujaste la puerta que no había sido abierta todavía para tí.
¿Qué terrible golpe, que suma de muertes, Alejandra,
qué sórdido viento te alcanzó hacia ella
privándonos de tus futuros cantos?.
“No es muda la muerte”, Sacha, no.
Ahora ya puedes escuchar, abrazada por los náufragos,
“el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio”.
Extranjera en la Tierra
buscabas tu añorada patria en la palabra;
pero te pesaban tus amores muertos,
te llamaba tu infancia viva y muerta, muerta y rediviva,
muerta ya ahora tú “de vestido azul”.
Y te pesaba, si te pesaba,
tanto asfalto y lodo de este mundo.
“Niña densa de música ancestral”,
tus ojos prendidos a tanto asombro, tanto fuego,
acostumbrados a mirar tan dentro, tan en luz, tan en claro,
no estaban hechos para las trampas ni el terror de la selva.
Era otra mejor la música, no audible la que escuchabas,
fascinada viajera alucinada
que hiciste de tu campo ceremonía tan pura.
Era otro el reino al que te asías
a través de la palabra,
a través de los silencios,
de la poesía tu alimento.
Tampoco tú quisiste “cerrar los ojos ante la terrible claridad”
y hablaríamos como querías “con los ojos muy abiertos”.
Pero no pudiste, Sacha, no pudiste con tanta vida adentro
y te escapaste a la cita más ansiada.
Perséfone te llamaba y allá te fuiste
para “restituirle al silencio su prestigio hechizante”.
Tú, “predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales.”
hecha tu mirada para una claridad más hermosa,
buscadora del silencio perfecto y el jardín más bello,
golpeaste, antes de tiempo, las aldabas de tu reino.
Amante del fuego, de las lilas y el bosque,
devorada por los espejos y a la vez amándolos,
titilante como las estrellas,
asediándolos y asediándote.
Fina amante de la transparencia
¿cómo explicar con las palabras de este mundo tu sed primera,
tu claridad cegadora? tú que eras poesía concentrada,
Arbol de Diana, transparencia.
Ahora que te alejaste con tus mil cantos de primavera
desde el silencio amado nos dirás el poema
que nuestros oídos mortales no podrán escuchar
mientras huérfanos por tu fuga tras el jardín más bello
hemos quedado más solos los poetas
desde este lado, sin tus lilas, escuchando
el prolongado eco de tu canción eterna,
honda, triste,
tristísima ya
desde tan lejos.

En: Sololiteratura.com

Pavana para una infanta difunta, de Olga Orozco


A Alejandra Pizarnik

Pequeña centinela
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban mientras tu te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza la frontera y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro;

y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la hérida del propio
nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el
umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacía adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba
y esos labios exangües sorbiendo los venenos en la inanidad de la palabra?

Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se desgarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.

Todas las puertas son para salir.
Ya todo es al revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando para pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela
en busca de otra,
o tiemblas frente a un ala de insecto que cubre con su membrana todo el
caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces como un manto:
en el fondo de todo hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.

En: Sololiteratura

Un homenaje a Alejandra Pizarnik de Julio Cortázar


Alejandra
Puesto que el Hades no existe, seguramente estás allí,
último hotel, último sueño,
pasajera obstinada de la ausencia.
Sin equipajes ni papeles,
dando por óbolo un cuaderno
o un lápiz de color.
—Acéptalos, barquero: nadie pagó más caro
el ingreso a los Grandes Transparentes,
al jardín donde Alicia la esperaba.

Octubre 1972
Desquicio 4 (otoño 1972) París

En: Sololiteratura

Proposiciones, de Juan Gelman


¿A dónde fue la obrera enamorada?
¿Fue al aire la obrera enamorada?
La obrera de la palabra murió.
¿Por qué caminito se fue?
¿Se fue por el camino que los días oscuros tejen
como hormigas desesperadas iguales?
¿Como vaivén de pases ciegos en un cuarto?
¿Tendría la obrera poca luz?
¿Y quién le quito la luz a la obrera la constante?
¿Quién le fue apagando uno a uno los rostros
de la palabra enterrándolos muertos?
¿Quién le cegó la luz de la palabra?
¿La obrera se fue porque ya no podía trabajar?
¿El aire estaba sordo mudo roto y ella
apenas tenía su confianza en la palabra confianza?
Yo digo: mejor no llorar
mejor hacer otro mundo
yo digo: mejor hacer otro mundo
mejor hagamos un mundo para Alejandra
mejor hagamos un mundo para que Alejandra se quede
Oh eternidades débiles perdidas para siempre
y vacas tristes entre la duda y la verdad
y sedas y delicias de la sombra
mejor hagamos un mundo para que Alejandra se quede.

En: Sololiteratura

Alejandra Pizarnik sentada para siempre en la librería Clásica y Moderna, de Nicolás Calvo


¿Qué más podrían decir ese poema y esa mirada
viniendo de tan adentro
que mi lámpara no alcanza a definirlos?

¿Cómo aquilataste, Alejandra, el peso de una pierna
sobre otra para alcanzar un frustrado equilibrio
de emociones vacías hasta las altas horas
de la Vida y de la Muerte?

¿Cómo, Alejandra, te volviste del revés
para encontrarte en la trastienda fugaz de tu vestíbulo,
sorbiendo poesía por los poros, sudando versos
por las uñas de tus dedos?

¿Donde te llevaron tus pies cuando te fuiste, cuando
tantas palabras te adoraban, cuando
tantos deseos te envolvían?

Los mejores te escribieron, desolados. Querían
saber más de ti. Tu te callaste.
Los versos que dejaste arremangados en la mesa
nos despiertan el alma a borbotones.

Alejandra, qué tarde y qué temprano
te encontré a la puerta. No compensa
el puñado de líneas que te escribo
el dolor de tus ojos cerrados,
tu soledad ante el muro y la ventana.

© Nicolás Calvo

En: Nunca tuve vida interior


Aquí Alejandra, de Julio Cortázar

A Alejandra Pizarnik

Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l’Eperon
y Janis Joplin.
Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo

(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d’inanité sonore
las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de lápices
los cuadernos rayados)

Vení, quedate.
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo.
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
como vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día
No puede ser, decís, no puede ser.

Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrúcate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party para vos, la fiesta entera,
Erszebet,
Karen Blixen
ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían Leonora Carrington, mirala,
Unica Zorn con un murciélago
Clarice Lispector, agua viva,
burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonious,
que larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con las intercesoras
animula el tabaco
vagula Anaïs Nin
blandula vodka tónic

No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en un palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.
Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,
y Natalía Ginzburg, que desteje
el ramo de gladiolos que no trajo.
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café
su culebra contando
dos terrones un beso
Léo Ferré
No pienses más en las ventanas
el detrás el afuera
Llueve en Rangoon —
Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
(Consonantes de pájaro
vocales de heliotropo)
Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.

En: La Insignia

Muchas gracias a Nicolás Calvo por permitirme publicar su poema.


Más sobre Alejandra Pizarnik en:

Sololiteratura. Disponible en: http://sololiteratura.com/piz/pizobras.htm

2 pensamientos en “Homenaje a Alejandra Pizarnik

    1. Alejandra Moglia Autor de la entrada

      ¿Qué palabras de este mundo pueden agregarse?
      Me encantó tu blog, mil gracias

Los comentarios están cerrados.