Muerte de la poesía, Alberto Vanasco

A Enrique Molina

Oigo caer la lluvia
y es solo el agua que se precipita en la luz vacía del amanecer.

Toco la claridad del día que nace
y es solo la mañana y aquello que la mañana aún no ha vencido.

Miro tu piel, tus manos
y hallo solo la soledad más cruda de la tierra.

Huelo el aire difuso del otoño
y es solo la opresión, el peso de una atmósfera gastada.

Palpo los objetos, las ropas, los vidrios transpirados
y es nada más que la fatiga de la materia, la desolación del tiempo.

Todo todo ha sido arrasado para siempre
por la ciega porfía de este diluvio irreparable.

Alberto Vanasco

Vanasco, Alberto. Canto rodado. Buenos Aires: Sudamericana, 1970

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