En el borde, Raúl Gustavo Aguirre

Mi corazón avanza sin miedo por una esencial contradicción. Mi corazón alegre y aterrado, que baila con la flauta del mentiroso y se detiene ante una piedra desconocida.

Yo siembro en el campo de tu inmensidad. Oh insólita a quien la noche sorprende, como yo, lejos del reino de la noche.

Yo no estoy en el camino de los que detonan el universo y los que se deshacen por su cuenta, yo no quiero elegir entre los acuarios y el Mar Muerto.

¿Acaso no puedes, todavía y siempre, compartir este verano, en medio de los árboles gigantes, hecho por nosotros y hecho para nosotros, que todo le debe al dolor y nada debe al dolor, y en el que moriremos sin protocolos inútiles?

¡Todo un anillo de terror, como un incendio, en medio de la claridad que abrimos, trémulos privilegiados, para perdernos más intensamente!

El viejo cuyo rostro es apenas visible, a quien espera la mañana. La niña de simples movimientos salta de eternidad en eternidad, bajo las amenazas del litio. Estos son mis cimientos.

Aquello de que huyes es el poema. Aquello que te detiene y te espanta, es el poema. El que quiere pasar por aquí, eso es todo.

Desasosiego: tu sosías escapa, en tanto tú te paralizas. La rosa desgarrada en la noche del monstruo. Y las estrellas brillantes.

Rostro fugaz en la tormenta, tu asencia yo ya la conocía, tu ausencia, el viejo abismo tenebroso. Buena suerte, rostro perdido en la tormenta.

Cuando yo cierre los ojos, mi amor, los abrirás al otro lado del tiempo.

En suma, yo tengo una patria, leve posesión. Una patria oprimida por la ingratitud y el olvido, la dimisión y la negligencia. Cuando me sueltan, yo vuelvo allí, yo amo.

Abre, Sésamo, la puerta de mi casa. Alli donde reina la lámpara del hombre, yo ceso y recupero lo esencial. Yo soy el grillo que ha saltado a la noche.

La soledad comienza donde los otros, el miedo en la mirada, se terminan. Vuelves a tu peña junto al mar, que la tormenta visita y los espectros prefieren. ¿Cuántos rostros borrados hoy, apenas comenzadas las ceremonias del alba? ¡Ah, el encuentro es difícil cuando todas las cartas están sobre la mesa! ¿Pero a quién hablas, sino al amor, magnolia lúcida que de todo te olvidas?

En mi campo de honor yo siembro. En mi campo de tinieblas me maravillo.

Aprende de los niños, esos desterrados de la noche, que en su noche más vasta se abandonan y vuelven como rayos a la realidad.

Raúl Gustavo Aguirre

Raúl Gustavo Aguirre junto a Elizabeth Azcona Cranwell y Alejandra Pizarnik

Raúl Gustavo Aguirre (1927-1984). Fue uno de los promotores de la revista Poesía de Buenos Aires, durante la década del cincuenta. Publicó varias traducciones de poetas franceses, entre ellos Rimbaud. Teorizó sobre la poesía. Entre sus libros se destacan: El tiempo de la rosa (1945), Cuaderno de notas (1957), Señales de vida (antología de sus poemas escritos entre 1940 y 1961), La piedra movediza (recoge poemas desde 1965 a 1968, y Antología (1949-1978).

FUENTE

Lugones, Leopoldo  [y … otros]. La poesía argentina. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1979.

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