Presentación de La música en un tranvía checo y otros ensayos, de Karla Olvera

El pasado 8 de febrero Andrés de Luna, Jezreel Salazar y Eduardo Uribe presentaron en el Museo de El Estanquillo (México) el libro La música en un tranvía checo y otros ensayos, de Karla Olvera, libro que fue galardonado con el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2011

 

Dice el Conaculta:

“En armonía con su tema, los ensayos aquí reunidos funcionan como un diario íntimo en el cual Karla Olvera registra los viajes, los libros y los motivos que la impulsan a escribir. El eje, sin embargo, son los hallazgos cotidianos de los otros, en este caso los de Franz Kafka, Virginia Woolf y Fernando Pessoa. Así, sumergiéndose en estos hallazgos, la autora reflexiona sobre una variedad de temas que va de los tranvías checos a las camas austriacas, del aburrimiento como síntoma de refinamiento al té, el esnobismo y la economía personal de Pessoa”. 

Reseña de Elisa Rodríguez Court

“La música en un tranvía checo: las golondrinas de Karla Olvera”

Imagen: Conaculta

Cuenta Karla Olvera en su libro La música en un tranvía checo, galardonado con el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2011, sobre la niña del Baumgarten, motivo de una de las entradas en el diario de Kafka. Una criatura cándida de cinco años que pregunta en el parque a un adulto que la acompaña: “Quién es el que lo hace con la saliva?” Responde este: “Te refieres a la golondrina.”

Karla Olvera habla de esta niña de la nota de Kafka a la que posiblemente le maravillara la idea de que pájaros tan pequeñitos pudieran construir sus nidos con saliva. Casas bellas y originales y, además, seguras. Añade esta escritora más adelante que el nido de las golondrinas es el modelo perfecto de lo insólito, de lo bello e inverosímil. Y frente a lo insólito la gente no suele saber comportarse, porque pertenece a ese ámbito donde se hace posible, en palabras de Karla Olvera, “la invención, asimilación y creación de objetos y situaciones que violentan la realidad de una manera sublime”. Es tal vez de ese sentido de la extrañeza que hace tambalear la seguridades amuralladas de lo que habla, entre otras cuestiones, esta escritora.

Ella no necesita recurrir a realidades trascendentes para mostrar lo familiar en lo más extraño y viceversa. De ahí que los ensayos reunidos en su libro funcionen como un diario íntimo en el que registra pasajes de la realidad que, pese a su aparente inmovilidad, se revela en toda su esencia cambiante. Lo hace a través de sus ojos contemplando los hallazgos cotidianos de los otros, en este caso los de Kafka, Pessoa y Virginia Woolf escritos en sus diarios. De este modo, se podría decir que su libro es un diario íntimo en el que sus ojos miran cómo otros miran. En consecuencia, lo que prevalece es la propia mirada, pues como ella misma sabe, fortis imaginatio generat casum. Así se revelan a lo largo del libro las diferentes variantes de golondrinas que pueblan el imaginario de Karla Olvera, quien crea a través de su escritura una amplia gama de motivos bellos y transparentes como esa impoluta saliva de la que habla para aludir a lo que hace al nido de las golondrinas. Centra, pues, su atención en los hallazgos cotidianos casi inverosímiles que suelen pasar desapercibidos, pero cuya belleza y excéntricas nimiedades se vuelven, una vez que se han recuperado, piedras preciosas que estaban llamadas a ser. No parece, pues, extraño que el primer capítulo de su libro lleve este título, tomado de una cita de Alan Pauls referida a los diarios íntimos.

Dice la autora de La música en un travía checo que decidió abordar estos hallazgos de la misma manera en la que dio con ellos, es decir, vagando. Su libro es un viaje en cuyo itinerario “la imaginación es el único cicerone”. Imaginación, la de Karla Olvera, en la que se funden el arte y la vida. Por eso en su libro se entreveran imágenes cinematográficas y fragmentos musicales, así como un amplio repertorio de sublimes referencias literarias. Todo ello se muestra en su escritura tanto bajo el procedimiento de las matrioshkas –sobre las matrioshkas habla también ampliamente en su libro– donde un pasaje de la realidad lleva dentro de sí otra realidad que lleva en su interior otra y así sucesivamente, como en un trayecto zigzagueante, sin meta pero con sentido. Un viaje aleatorio en el que esta viajera nos va descubriendo piedras preciosas que nos invitan a su contemplación instantánea. Sin embargo, pese a su fugacidad, ahí han quedado escritas en La música en un tranvía checo,libro que contiene mentiras hermosas. Como bien dice la misma Karla Olvera, toda ficción “es la más bella y fantasiosa mentira que existe, sólo que los lectores aceptan gustosos que se les mienta. La ficción supone un pacto entre el lector y la literatura que se le presenta, el llamado pacto ficcional.” En este caso, para sumergirse en el universo literario de Karla Olvera, cuya mirada poblada de golondrinas ha convertido mediante la escritura hallazgos de otros en nidos preciosos que estaban llamados a ser.   

Elisa Rodríguez Court

FUENTE DE LA RESEÑA:

La música en un tranvía checo: las golondrinas de Karla Olvera. En: Trayectos ciegos.

VER:

Descubre la cotidianeidad de Kafka, Pessoa y Woolf en nueve ensayos. Conaculta

La música en un tranvía checo y otros ensayos.