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La muerte y la soledad, Rubén Vela

Ella me alimentaba con pequeñas patitas de mujer enclavadas en la aguja de su sed inmensa. Entonces, mientras yo me entretenía en los cándidos placeres, ella creaba en torno de mi ser un silencio de alambras, una gran jaula donde quedaba aprisionado.

Ella extendía sus manos hacia cada verdad y exclamaba: la soledad es la única muerte considerable.

Y qué decir de la mutabilidad de sus estaciones, fuego para el invierno, cristales para el verano, asombro para los mundos.

Ella exploraba los mapas, adiestraba las tortuguitas  domésticas.

Mi soledad era el crecimiento inmóvil de las plantas.

Rubén Vela

(1956)

En: Maneras de luchar, 1981

Maneras de luchar, Antología personal Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 1981.

También en:

Bayley, E. y […otros]. La poesía del cincuenta. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1981

Vela x Todos: espectáculo poético-musical, en homenaje al poeta Rubén Vela. El grupo teatral Dale q’ Va (Elián Abatemarco, Matías Carballo, Roberto Saiz)

Mensaje a los hombres de este siglo, Rubén Vela

¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes,
la música celestial de los eunucos, 
el ensueño de los débiles de espíritu?

Hombres de este siglo:

Contemplad la Palabra.

Leedla

en los muros que acumulan
descifrables memorias como gritos
reclamando
el pleno ejercicio del amor,
la libertad inmensa.

Buscadla

en aquellos rostros sorprendidos 
que descubren de pronto 
su condición de Pueblo. 
El luminoso, único destino 
del hombre aquí en la tierra.

Ved la Palabra

en ese niño hambriento
devorándose
los huesos que aún le quedan
de su propio esqueleto,
destrozando en llantos su futuro
al cual nunca arribará.

¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?

He aquí su Palabra.

Su salvaje alegría.

Su porfiada esperanza.

 Rubén Vela

En: La palabra en armas 

Vela, Rubén. La palabra en armas. Buenos Aires: Losada, 1971

VER: http://www.rubenvela.net/

Dylan Thomas, Rubén Vela

Como si escribiera manchas de verbo sobre una tabla sucia. El polvo ocupará nuevamente ese silencio. Digamos no importa, nada se ha perdido, todo ocupa su lugar, todo es reemplazado. Y ante esa solemne mentira, tendré siempre mi oculta vergüenza. Esta será mi lucha. Y he roto mi invención contra los días, he aprendido la verdad del hombre: su permanencia en las contradicciones.

Rubén Vela, (1956)

Maneras de luchar, Antología personal Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 1981.

También en:

Bayley, E. y […otros]. La poesía del cincuenta. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1981

VERhttp://www.rubenvela.net/