Archivo de la categoría: GONZÁLEZ OVIES AURELIO

Presentación de Aurelio González Ovies en el Centro Español de Querétaro – México

Aurelio González Ovies

El poeta que viene del Norte en el Centro Español de Querétaro

 

  • Presentación de la poesía del autor asturiano a cargo de la escritora mexicana María García Esperón en el Centro Español de Querétaro, el 22 de junio de 2012 a las 7 PM.

Aurelio González Ovies es un poeta asturiano nacido en Bañugues en 1964. Su palabra, tan sencilla como poderosa, ha acompañado a una generación que vuelve a encontrar en la poesía el espejo del alma. Muy conocido en España, Aurelio el poeta de Asturias, ha cantado como nadie la belleza de la tierra asturiana, la relación con el mar, la tragedia humana de la minería, el misterio de la muerte, el amor de la madre y la grandeza de las personas sencillas.

Doctor en Filología Latina, es también titular de latín en la Universidad de Oviedo. Ha formado a muchas generaciones en el amor de los clásicos y en el rescate de las humanidades, haciendo a todos sus alumnos creer en el valor de la palabra.

Sus libros, ”En presente”,  “La hora de las gaviotas”, “Vengo del Norte” , “Nada”, “Tocata y Fuga” se han convertido en jóvenes clásicos y en lectura necesaria.  

El Centro Español de Querétaro, con la coordinación de Juan José Téllez Ortega,  se complace en presentar en México una selección de la poesía de este asturiano universal, en la voz de la escritora mexicana María García Esperón, que ha convertido en uno de los más importantes objetivos de su vida literaria la difusión de la obra de Aurelio González Ovies.

La cita es el próximo 22 de junio 2012, a las 7 PM, en el Centro Español de Querétaro (Boulevard Bernardo Quintana 9800, Centro Sur. Querétaro, Qro). La entrada es libre.

Fuente: María García Esperón – Blog

Se presentó la poesía de Aurelio González Ovies en la Biblioteca Municipal de San Miguel de Allende – México

Ayer se presentó la poesía del poeta asturiano Aurelio González Ovies en la Biblioteca Municipal de San Miguel de Allende

Comparto en este espacio la reseña publicada por la escritora María García Esperón:

El poeta que viene del Norte en el corazón de México

El miércoles 7 de marzo de 2012, un grupo de personas se reunieron en la Biblioteca Municipal de la ciudad de San Miguel de Allende -que ha sido nombrada “corazón de México”-  en torno de la palabra del creador asturiano Aurelio González Ovies, el poeta que viene del Norte.

La coordinación a cargo de Jesús Rodríguez fue impecable, en  una pantalla  se proyectaron videos de los poemas de Aurelio, lo que fue creando un ambiente muy especial.

La lectura colectiva se tiñó de emociones y de poéticos imprevistos y a petición de quienes habían escuchado el poema ANUNCIO POR PALABRAS en TV4, aunque no contábamos con ese poema impreso, se procedió a buscarlo en Internet y en segundos se encontró la versión que realizara nuestra amiga argentina Alejandra Moglia hace más de un año. El poema fue impreso y hecho suyo por todos, en particular por una joven que había llegado a la biblioteca por casualidad y que hizo suyo el verso “con el inmenso encanto de lo que no se espera”.

Pero todos sin excepción aceptaron abordar este barco  de palabras y adentrarse en el mar de una poesía poderosa y sencilla, honda, original y originante, en ese recinto dedicado a los libros de la ciudad de San Miguel de Allende, corazón de un México que renace. 

FUENTE

Voz y Mirada

Presentación de la poesía de Aurelio González Ovies en la Biblioteca Pública Municipal de San Miguel de Allende – México

El próximo 7 de marzo a las 17 hs., la Biblioteca Pública Municipal de San Miguel de Allende (México) y la escritora María García Esperón presentarán la obra del poeta asturiano Aurelio González Ovies.

La presentación se llevará adelante en el marco del programa Miércoles de Poesía: el goce de leer.

La entrada es libre.

FUENTE

La poesía de Aurelio González Ovies en la Biblioteca Municipal de San Miguel de Allende. En: Blog de María García Esperón.

Tierra de nada, Aurelio González Ovies

La nieve ha jubilado sus memorias.
Narcisos en los tiestos.
Balcones solos.
Un hombre con un perro camina y silba.
Fango y barbecho.
Palacios silenciosos,
huertos y espantapájaros.
Un mastín irreal sueña y aúlla.
Tierra de nada
que ha dado todo a cambio de ofrecimientos
de aire.
Tierra de nada
de pantanos
de humo
de espinos
de cemento.
Pasto verde y sembrados para la brisa.
Deshielo de la juventud.
Precipicios.
Negrura. Acantilados. Maizales caídos.
Caserones de sombra
y de lechuzas.

Estaciones.
Caminos.
Labrantíos.
Arroyos.

Se escucha el mirlo.
Esta región heredará la lluvia.

(c) Aurelio González Ovies

 

En: Tardes de cal viva y brea.

Un día más, de Aurelio González Ovies

La cocina prendida. El viento
en la ventana. La luz
a media fase.
Los calderos con agua. Madre fríe
patatas, con miedo a que tronara.
El armario, las puertas con los
cromos. La mesa. El bidón
de la leche, el bote con la nata.
La caldera que hierve, las zapatillas dentro
de la hornilla, por si padre llegaba.

La noche. El calendario. Un
tendal con la ropa encima
de la chapa. Las paredes
chorreando. Y el tiempo: aquel
olor a humo y a vida requemada.

(c) Aurelio González Ovies

EN: Tardes de cal viva

Por los libros de los libros, de Aurelio González Ovies

Para que siempre queden páginas inéditas, espacios en la naturaleza, distritos en el paisaje donde enclavar un verso o anillar una sílaba. Para que nunca falten secretos que bruñir en los lomos del agua ni grana que esparcir en los extensos ámbitos de las ficciones. Y sigan propagándose el olor a guitarra y las llamas romances en las noches de Lorca. Y crucen por los puentes del viento los oscuros relinchos delatores de Perse. Por las cítaras rústicas y los cantos labriegos. Por Virgilio y sus armas y fragantes hexámetros, como tierra rojiza donde crece la salvia. 

Por la longevidad de aquellos que decoran la piel de las serpientes y trazan geometrías en la fosforescencia de orugas y de pétalos. Por la lavanda, agradecida todavía al sol y a las tardes de estío. Por los ecos del mundo y de todos sus pájaros cuando el silencio reina en las mañanas vírgenes de los meses de marzo. Por las sombrías pérgolas bajo la Antigüedad, en las que aún se escuchan las puntadas broncíneas de Penélope. Por el amor que arriba, trazado a mano, en naves y gabarras, para todos los que odian, de costa a costa. Por Gloria y Gamoneda. 

Para que se confundan los sueños más sublimes con la realidad brutal de algunos días y no se sientan más los lamentos frecuentes ni las súplicas roncas del atropello. Para que manen fuentes allí donde las grietas parecen ya un reflejo del alto cielo y germine la mies con la facilidad de las telúricas exactitudes de Claudio. Y trepen tu sonrisa y mi enajenamiento por las alineadas alamedas que suben a Machado. Por los que han partido sin decir la caricia más atesorada para el último instante. 

Por el corazón de Mestre y sus antífonas de salud en rama. Por las esquilas que aún rompen la calma de Orihuela y los secos graznidos de dos cuervos posados en este alejandrino. Por Pizarnik y Safo y las islas en las que desterramos la incapacidad y el intimismo. Por nosotros, inocentes criaturas expuestas al dolor más profundo y a la mínima herida del aire o de la mano de nuestros semejantes. Por el orbe infinito. Por su misericordia. Por Javier Sicilia, para que nunca callen su rabia ni su ímpetu, para que no enmudezcan de pena sus metáforas, pero siempre con gesto de códice o poema. Por los libros de los libros. Siempre. 

(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 21 abril 2011

En: Voz y Mirada de España y América

Apuntes, de Aurelio González Ovies

Todo lo que escribo nace y crece de mis inseguridades y desemboca en los dominios de otras incertidumbres. Todo lo que escribo limita, al norte, con mis deseos; al sur, con mis pesares; al este con lo que nunca seré; al oeste con los que están y estuvieron, mas no estarán conmigo. Lo cierto es que no tengo claro si vivimos nada más que para recordar o si, obstinados, recordamos porque no vivimos del todo, porque existimos a medias. No soy capaz de descifrar cuánta extensión de mí quedaría flotando en el presente si me arrancaran la memoria, qué proporción le debo a la esperanza, qué gracias a lo sufrido, cómo reconocerme si no echara de menos, a quién añoraría sin antes haber amado.

Escribo para enfrentarme al rápido mundo que no acepto ni me admite, al mundo que da vueltas y como el hombre tropieza y se destroza, una y mil veces, sobre la misma tierra; para abrirme en palabra, desgajarme, y encerrarme, en soledad, en algún libro, sobre una cómplice página. Para volver a lo imposible y aspirar su perfume y sentarme un momento frente a la misma mar de todos los veranos y llamarme a lo lejos y acercarme a mí mismo y sonreír de nuevo al tocar en mi carne la pureza. Para subir al humo y asumir la ceniza.

Porque nada se olvida para siempre, nada nos muere definitivamente salvo el cuerpo y la belleza, la juventud y su brillo. Porque necesitamos otra realidad, con más fondo y menos superficie, con más apego y menos odio, con menos de más. Porque hay días en que miro con más exactitud, quizás con más tristeza, las cosas, los objetos, y descubro en sus formas desconocidos túneles como de transparencia. Porque quisiera ser y formar parte del verde de los árboles, del fulgor de una estrella, del vacío del eco, de la humedad del agua. Ser y estar en la humildad de una baya, de un pétalo, de un junco entre los juncos, a la orilla de un río.

Escribo, como quien colecciona insectos muy brillantes, para poder guardar bajo alfileres instantes muy precisos, emociones intensas, aromas, fechas, gestos y solsticios. Para sobrevolar, de cuando en cuando, por queridos paisajes donde, a no ser desde el verso y su estatura, sólo crecen heridas, sólo gruñe el silencio, sólo atajos cubiertos de ramaje y espinos. Para esclarecer de dónde vengo, qué ceguera me obliga a dar la espalda a quien me espera, qué luz me aprisiona y me inmoviliza donde jamás, por mí, me hubiera detenido.

Porque, paradójicamente, me atraen los secretos de la sinceridad, me imanta la hondura de lo aparente, el más allá de lo imprevisible. Porque sé que son muchos los que piensan que un poema no vale para nada, pero un universo sin poemas, sin sentimientos que no sirven para nada, ya no sería un universo porque todo sería útil para algo, más lucrativo y nosotros aún más cicateros y mezquinos. Porque me siento a salvo cuando anudo mensajes y ahogo mis desesperos, mis deudas y mis gritos.

Escribo para asegurarme un hilo al que agarrarme en estaciones débiles y colgarme la fe como un escapulario. Para erguir una torre con los nombres que son imprescindibles, por más que en ella sólo aniden las cigüeñas. Para saborear, de tarde en tarde, los inmediatos números de antiguos almanaques, la dulzura de meses caducados, los labios que he rozado, los frutos que he vivido. Para convocar circunstancias eternamente pendientes, nubes perpetuas. Para acceder al Dios que yo sospecho, esdrújulo y sonoro. Para internarme en lo infeliz y resurgir con gozo, más entusiasta y semivivo.

Escribo porque preciso soñar por los sueños de los sueños; porque me obligo a ascender a todas las latitudes; porque me exijo seguir por diferentes caminos. Porque me reconvierto, me venzo, me sumerjo en lo opuesto, me aparto de mis pasos, examino las huellas y concluyo: cuando ya no soy nadie, soy lo que escribo. Cuando apenas existo, existo porque escribo. Cuando advierto cadenas, voy libre porque escribo. Cuando presiento muerte, escribo y sigo vivo. Acaso por consuelo, pudiera, quién lo sabe, ser puro egocentrismo.

(C) Aurelio González Ovies